Caso Chocolate: el pacto de silencio detrás del escándalo.

El escándalo de “Chocolate” Rigau vuelve a golpear sobre la política bonaerense con una hipótesis que apunta directamente al manejo posterior de la causa: una presunta operación para disciplinar las defensas, evitar declaraciones comprometedoras y cerrar el expediente antes de que pudiera alcanzar a dirigentes con mayor peso político.

La reconstrucción difundida por Diario Gran La Plata coloca en el centro al senador bonaerense Adrián Santarelli, dirigente de Lomas de Zamora, representante de la Tercera Sección Electoral y sobrino del histórico dirigente peronista Osvaldo Mércuri. Santarelli también está vinculado políticamente con el espacio de Martín Insaurralde y Federico Otermín.

Según las fuentes citadas por ese medio, el senador habría participado de movimientos relacionados con el origen del caso y luego habría recurrido a un integrante del Tribunal de Casación Penal bonaerense, Sala I, para conseguir el contacto de un estudio jurídico que pudiera hacerse cargo de las defensas de los involucrados. La versión sostiene que ambos habrían mantenido encuentros en los pasillos de los tribunales.

El esquema que describen las fuentes es directo: bajar el incendio antes de que llegara al piso superior. Los imputados debían responder individualmente, evitar involucrar a eventuales responsables de mayor jerarquía y conseguir soluciones procesales que permitieran reducir las penas y evitar un juicio oral capaz de exponer nuevos nombres.

En el centro de esa estructura aparece el estudio Gascón Molina, que defendió a Julio “Chocolate” Rigau. De acuerdo con las fuentes, el estudio habría funcionado como uno de los puntos centrales de la estrategia y habría participado en la incorporación de otros abogados para sostener una línea común entre distintas defensas.

No se trata de una estructura que haya aparecido de la nada. Investigaciones periodísticas anteriores ya habían mostrado la presencia de numerosos abogados alrededor de las causas derivadas del caso y la representación de grupos de titulares de tarjetas. TN señaló al estudio Gascón Cotti-Molina como uno de los ejes de ese armado.

A esto se suma un dato que vuelve todavía más sensible el entramado: los antecedentes laborales de algunos de los abogados dentro de la propia Cámara de Diputados bonaerense.

La familia Gascón también mantuvo vínculos laborales con la Cámara. Alfredo Gascón y su hijo aparecen relacionados con el organismo. El hijo habría trabajado como asesor de la entonces diputada radical Sandra París y posteriormente habría ocupado funciones dentro de la Legislatura. La Nación también informó sobre los vínculos laborales de Molina, Alfredo Gascón y su padre con Diputados.

El dato no alcanza para probar una conspiración ni demuestra que los vínculos laborales hayan sido utilizados para coordinar las defensas. Tampoco existe evidencia pública suficiente para afirmar que Santarelli haya ordenado o financiado una operación destinada a silenciar a los imputados.

Pero el cruce de nombres resulta demasiado significativo como para ignorarlo. Un senador bonaerense con vínculos políticos dentro del peronismo de la Tercera Sección, un integrante de Casación, estudios jurídicos relacionados con defensas clave del expediente y abogados con antecedentes laborales en la Legislatura aparecen orbitando alrededor de una causa que puso al descubierto una maquinaria de extracción de dinero dentro de la Cámara.

El caso original ya era grave. Empleados legislativos, tarjetas de débito y millones de pesos retirados en efectivo expusieron una estructura que funcionaba dentro del corazón de la política bonaerense.

La nueva hipótesis apunta a lo que ocurrió después de que esa estructura quedó expuesta. Si existió una coordinación para que los imputados asumieran responsabilidades individuales, evitaran comprometer a dirigentes superiores y buscaran acuerdos que mantuvieran las causas lejos del juicio oral, el escándalo tendría una segunda etapa mucho más política.

La primera parte mostró quién retiraba el dinero. La segunda podría terminar mostrando quién necesitaba que nadie hablara.

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