Pinamar: controles que fallan, negocios en el medio y un proyecto que preocupa a los vecinos
En Pinamar hay varias cosas pasando al mismo tiempo y todas terminan poniendo a la gestión de Juan Ibarguren en el centro de las críticas. En los últimos días se conocieron nuevos episodios que vuelven a poner sobre la mesa una pregunta bastante simple: ¿quién controla lo que pasa en la ciudad?
El caso de la ambulancia es el más reciente. Lo que empezó como una denuncia por el supuesto robo de un vehículo terminó con allanamientos y el hallazgo de medicamentos vencidos, recetas y documentación médica que ahora está bajo investigación. Además, trascendió que la empresa involucrada no tenía la habilitación municipal correspondiente.
Si eso se confirma, el problema no es solamente de la empresa. También hay una responsabilidad del municipio. Porque si un lugar funciona, presta servicios de salud y maneja medicamentos, alguien tiene que verificar que cumpla con las condiciones necesarias.
Y mientras ese caso todavía genera preguntas, Pinamar tiene otro frente abierto que puede ser todavía más importante: el proyecto “Pinamar 2050”.
La propuesta plantea cambios fuertes en el crecimiento de la ciudad, con modificaciones urbanísticas, mayor densidad y nuevas posibilidades para construir. El problema es que muchos vecinos sienten que la discusión empezó al revés: primero aparece el proyecto y después se intenta explicar qué ciudad se pretende construir….Y eso genera desconfianza.
Pinamar tiene problemas que no se solucionan levantando más edificios. El agua, las cloacas, el tránsito, la seguridad, la infraestructura y el impacto ambiental son cuestiones que deberían estar arriba de la mesa antes de pensar en multiplicar la población.
Porque si la ciudad va a crecer, alguien debería explicar con números concretos cómo se va a sostener ese crecimiento.
¿Hay agua suficiente? ¿Qué pasa con las cloacas? ¿Qué capacidad tienen los servicios? ¿Qué impacto tendría sobre los médanos, los bosques y el resto del ambiente? ¿Quiénes se benefician con los cambios en las reglas para construir?
Son preguntas bastante básicas, pero hasta ahora muchos vecinos sienten que no tienen respuestas claras.
Y hay algo más. Cuando se modifica el código urbano y se habilita construir más, los terrenos cambian de valor. Eso no es ningún secreto. Por eso es lógico que los vecinos quieran saber qué intereses económicos están detrás de una transformación de semejante magnitud.
No alcanza con decir que se trata de “modernizar” Pinamar.
Modernizar no debería significar hacer una ciudad más grande porque sí. Tampoco puede significar que quienes viven todo el año tengan que adaptarse a un modelo pensado principalmente para el negocio inmobiliario.
En paralelo siguen apareciendo reclamos por el uso de espacios municipales, obras que no terminan de concretarse y problemas de servicios que se repiten temporada tras temporada. Y mientras tanto, la seguridad continúa siendo una de las principales preocupaciones de quienes viven en la ciudad.
Por eso el debate sobre Pinamar 2050 no debería cerrarse entre funcionarios, desarrolladores y especialistas elegidos por el propio municipio.
Los vecinos tienen derecho a conocer los estudios, discutir los cambios y saber qué se pretende hacer con la ciudad antes de que las decisiones sean irreversibles.Porque después de que se construye, se vende y se cambia el paisaje, no hay manera de volver atrás.
La discusión es otra: qué ciudad se quiere construir, quién va a ganar con ese crecimiento y qué van a perder los vecinos en el camino.
.
